No, no es el dengue. Este mosquito tiene mucho en común con una pulga que salta de perro en perro o con un piojo que salta de cabeza en cabeza. Este mosquito al igual que los anteriores, chupa sangre. Y, además, transmite infecciones.
Pero, así como tiene similitudes con los otros bichos, también tiene diferencias: Este se transmite de Gobierno en Gobierno y es el mosquito caviar.
Este mosquito lleva 30 años operando en el Perú y ha chupado la sangre de todas sus instituciones. Chupó en el congreso, en el Poder Judicial y en la presidencia. Tiene una preferencia por esta última porque puede chupar la sangre en dólares norteamericanos. En millones de estos para ser exactos.
Es por ello por lo que el Perú no requiere solo un matamoscas de mano o un aerosol. Requiere una fumigación más profunda. Una fumigación realizada por expertos que se preocupen en profundidad por nuestro país. Limpiar al país y sus instituciones por todos los rincones y que no quede rastro de este peligroso mosquito chupasangre que tanto nos ha hecho sufrir.
Nunca olvidaremos cómo este mosquito nos tuvo de rodillas y transformó todas las instituciones en verdaderas plagas que querían más y más sangre. El Perú debe convertirse paso a paso en ese gran fumigador y acabar con todas las pestes que lo han aquejado si quiere tener un futuro brillante.