Lavado de dinero, corrupción, millones de dólares en efectivo, compra de jueces y fiscales, todo para mantenerse actuando en la clandestinidad. Muchos de estos operarios incluso siguen en el Gobierno, lo que hace más difícil hacerlos caer.
El Perú es atacado por dos trenes. El de Aragua y el de los Lagartos. Uno es manejado por extranjeros, otro por peruanos, pero ambos se dedican al crimen.
Arrasan con todo por donde van, ambos buscan el poder y mantenerlo, de paso, haciéndose ricos. No les importa quién tienen al lado, sus fines son más importantes.
Por donde pasan, buscan aliados y formas de cuidar sus influencias. Compran jueces, fiscales y actúan en conjunto con ellos. Manejan millones de dólares en efectivo.
Su gran diferencia es que uno opera en las calles, con violencia y el otro, opera en el palacio, de forma aún más violenta: Riéndose de todos nosotros.
El líder del Tren de los Lagartos hoy peligra. Está cerca de caer preso, donde siempre tuvo que estar. La Fiscalía les imputa a todos los miembros de este Tren, los delitos de organización criminal, colusión agravada y lavado de activos.
Ya era hora.
El pueblo peruano sabe que esto no es, como declaró su líder, una “patraña”. Es la verdad, los caviares son redes delictuales y tienen que estar presos. El Perú necesita nuevos liderazgos y que soplen vientos frescos. El Perú necesita un cambio de ciclo.