En una esquina olvidada de Lima, un pequeño ventanal roto permanece intacto desde hace meses. Nadie lo ha reparado, nadie ha prestado atención. Esta imagen se repite a lo largo y ancho del Perú, y no solo en términos literales. El ventanal roto es un símbolo potente del deterioro social y la creciente delincuencia que azota al país, una realidad que se ha consolidado bajo la sombra del descuido y la inacción de nuestras autoridades.
La teoría de las ventanas rotas, planteada por los criminólogos James Q. Wilson y George Kelling, sostiene que los signos visibles de desorden y negligencia, como ventanas rotas, graffitis y basura acumulada, generan un entorno propenso a la criminalidad. La falta de respuesta a estos pequeños actos de vandalismo envía un mensaje implícito de que el comportamiento antisocial es tolerable. En el Perú, esta teoría se materializa en nuestras calles, barrios y ciudades.
La vista de paredes garabateadas, calles mal iluminadas y parques abandonados es común. Estos son los ventanales rotos que anuncian, sin palabras, el estado de abandono. Cada rincón descuidado es un recordatorio de que aquí, las reglas pueden ser dobladas y las leyes, ignoradas. Este entorno de desorden ha permitido que la delincuencia crezca sin control, afectando la vida cotidiana de los peruanos.
Los gobiernos locales y nacionales, con su pasividad, han permitido que las pequeñas infracciones se conviertan en delitos graves. La ausencia de patrullaje constante, la falta de programas de prevención y la escasa inversión en infraestructura básica son evidencias de un sistema que falla en sus responsabilidades más fundamentales. Pero quien falla aún más, es la justicia, pues cada vez que un delito menor queda impune, cada vez que una calle permanece en penumbras, la casi inexistente confianza de la ciudadanía en el sistema de justicia se erosiona aún más.
Una ventana rota es el reflejo de todo lo que no funciona en nuestro país, desde la corrupción en el sistema de Justicia, hasta una persona caminando asustada a su casa de noche y a oscuras. El Perú necesita acabar con este círculo vicioso, el Perú necesita un Cambio de Ciclo.