La situación actual en Bolivia ejemplifica la hipocresía izquierdista. El país se encuentra inmerso en una lucha de poder dentro del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido gobernante. La confrontación es entre el presidente en ejercicio y el exmandatario Evo Morales, quienes representan dos facciones distintas del partido. Esta fractura interna ha generado un clima de inestabilidad política, exacerbando las tensiones entre los seguidores de ambos líderes, con intento de golpe de Estado en entre medio.
El Grupo de Puebla y el Foro de Sao Paulo pretenden imponer a Bolivia la candidatura de Evo. Imposición digna de grupos izquierdistas, que constantemente se pronuncian en defensa de la democracia y son los primeros que no la respetan.
Lo más preocupante de este conflicto es que, como suele ocurrir en las disputas de poder, los intereses y las necesidades de los ciudadanos quedan relegados a un segundo plano. Los bolivianos, quienes deberían ser los principales beneficiarios de una democracia, ven cómo sus voces y preocupaciones son ignoradas en medio de estas luchas internas de partidos políticos de izquierda. Este escenario resalta la desconexión entre la clase política y el pueblo, y pone de manifiesto la necesidad urgente de una mayor coherencia y autenticidad en la defensa de los valores democráticos.