Por Fernando Calmell del Solar
Desde que hablo con ustedes a través de estas columnas, he recibido tanto críticas como felicitaciones. Las críticas no vinieron de los comunistas o del mundo de la izquierda. Llegaron de aquellos que habitan y lucran desde las ONG que dicen defender la democracia, pero que, en realidad, lo único que defienden es su bolsillo.
¿Por qué digo esto? Porque he leído la columna de Jaime Althaus, un viejo amigo de mi familia, que lleva como título: La Hora de los Empresarios. Estoy plenamente de acuerdo con su descripción de la situación actual.
¿Que la persecución política iniciada hace 25 años por la caviarada ha perjudicado al país? Es verdad. ¿Que el mundo empresarial debe reconectar con la población? Es cierto. ¿Que las reglas no son iguales para todos? Es real y lo vemos todos los días. ¿Que la nueva ley de financiamiento a campañas políticas, regulada y a través del BN, favorece el proceso y lo hace transparente? Absolutamente de acuerdo.
Pero, querido Jaime, no puedo estar de acuerdo, y creo que los ciudadanos tampoco estarán de acuerdo, en el cómo que planteas.
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