En los últimos días, el país ha sido testigo de tragedia tras tragedia. Nueve muertos, cientos de heridos y miles de peruanos han perdido sus casas y el esfuerzo de toda una vida, como consecuencia de que todo se cae en el Perú.
Los puentes se desploman, los techos de centros comerciales caen, los colegios ceden por deterioro y las carreteras están destrozadas por las lluvias y los huaicos.
Esta racha de desgracias es el resultado de años de corrupción e ineptitud. Se hacen obras con materiales baratos, que evidentemente no son de calidad, y se adueñan de los contratos o licitaciones para favorecer a los amigos.
Construcciones precarias que no resisten nada, ponen en peligro la vida de todos los peruanos y hoy, ya se lamentan pérdidas humanas.
Mientras que las familias de los fallecidos piden justicia, en un país donde más de la mitad de los peruanos, hace mucho tiempo, han dejado de confiar en la labor de jueces y fiscales que, en lugar de asumir sus responsabilidades, permitiendo que autoridades o privados, se tiren la pelota, evadiendo culpas con engaños.
Llevamos 25 años transitando por carreteras llenas de huecos, cruzando puentes que podrían caer en cualquier momento y bajo construcciones que son un alto riesgo.
Y para colmo, cada cambio que intentan hacer en la tan ansiada etapa de reconstrucción, es un mero cambio de moco por baba.
No nos merecemos esto. No más autoridades que nos floreen por ganarse un voto, ni el aprovechamiento de los desastres para jalar agua para su molino.
Tenemos que erradicar la corrupción y permitir que lleguen al poder personas honestas que atiendan nuestras necesidades y garanticen espacios seguros para todas las familias peruanas.