Los peruanos sabemos lo que es sentirnos invisibles. Durante los últimos 25 años, los gobiernos han prometido de todo y cada autoridad que entró, gracias a nuestro voto, ha terminado por abandonarnos.
Hoy, mientras el Perú se inunda por las intensas lluvias, la historia se repite como cada verano: miles de personas han perdido todo y a nadie parece importarle.
Tampoco se hace mención de los 85 muertos que ya hay por los huaicos y derrumbes en el norte, centro y sur del país.
Las lluvias han desatado el caos. En los últimos tres meses, no solo han fallecido cerca de 100 personas, también 47 mil han quedado en la calle.
Nadie alza su voz o exige acciones por esta tragedia. En los medios abundan los escándalos políticos y están más preocupados por la vida y miserias de un futbolista y su ex esposa, dejando nuestros problemas en segundo o tercer plano.
Y como si fuera poco, Ositrán ha alertado que 75 puentes de todo el Perú están en estado crítico.
Ya no solo las lluvias nos destruyen, también las carreteras que deberían mantenernos conectados están al borde del colapso. Un puente que cae es una comunidad aislada y una economía quebrada.
¿Cuánto más vamos a aguantar? No podemos permitir que las autoridades sigan ignorándonos, exijamos soluciones, trabajos de prevención y rendimiento de cuentas, antes de que el Perú entero termine sepultado bajo su propia negligencia.