Lo que ha pasado con Machu Picchu este 2025 es el retrato perfecto de todo lo que está mal con la política regional del Cusco. Mientras miles de cusqueños dependen del turismo para poner un plato de comida en su mesa, las autoridades que se llenan la boca con discursos de izquierda radical y «defensa del pueblo», se están peleando por la ciudadela como si fuera un cofre lleno de oro.
El diagnóstico de Proturismo es doloroso pero cierto. No tenemos un plan de sostenibilidad, no hay buenas prácticas, y solo se ve una disputa feroz por el manejo del dinero que ingresa por las entradas. Si son capaces de ver a nuestra maravilla como una billetera personal, imagínate lo que harán con el resto del país si los dejamos seguir en el poder.
El problema es que la izquierda ideológica ve en el Estado un tesoro para enriquecerse y perpetuarse. La propuesta de que el Gobierno Regional del Cusco (GORE) asuma la administración total es un peligro que los gremios turísticos ya detectaron. Entregarle Machu Picchu a una entidad que ha demostrado ser ineficiente es condenar al sitio a la corrupción y al escándalo permanente.
Los países que realmente prosperan son los que crean autoridades autónomas, técnicas y alejadas de los «favores» políticos. Lo que necesitamos es gestión moderna, no «cantos de sirena» populistas que prometen repartir la torta mientras dejan que la maravilla se caiga a pedazos por falta de administración.
De cara al 2026, el cusqueño honesto tiene que votar a conciencia. Ya basta de alimentar a los parásitos estatales que viven del conflicto y de dividirnos para seguir cobrando. El verdadero «sueño del Cusco» es recuperar Machu Picchu de las manos de la política barata y convertirlo en un ejemplo mundial de libertad y eficiencia.
Necesitamos ideas que atraigan inversión, que mejoren los accesos y que garanticen que el dinero del turismo regrese a la gente en forma de servicios de calidad, no que se quede en las uñas de funcionarios que solo ven cifras de ingresos. Para el 12 de abril, la elección es simple. O seguimos siendo el botín de los mismos de siempre, o elegimos la libertad para gestionar nuestra riqueza con decencia.

