EL PELIGRO DEL SILENCIO

A menos de 70 días de las elecciones en el Perú, el escepticismo está ganando terreno y, con él, la tentación de no ir a votar. ¡Pero cuidado! La historia reciente nos ha dado una lección carísima que no podemos ignorar. Pedro Castillo no llegó al poder por una mayoría sólida, sino porque cerca del 30% del padrón electoral decidió quedarse en casa en la primera vuelta. Ese vacío fue el que permitió que una minoría radical impusiera su agenda de caos y destrucción institucional.

La última encuesta de  IPSOS revela un escenario de fragmentación extrema. Rafael López Aliaga lidera con apenas un 10%, seguido de Keiko Fujimori (7%) y Carlos Álvarez (4%), lo que significa que el país está partido en mil pedazos.

Entre votos blancos, viciados (29%) e indecisos (18%), casi la mitad del país está mirando hacia otro lado.

Los proyectos radicales no necesitan que los quieras, les basta con que tú te rindas. Mientras la mayoría moderada y trabajadora se repliega por aburrimiento o asco a la política, las minorías ideologizadas y disciplinadas van a las urnas a imponer su modelo Estatal y de control de las instituciones.

La situación en el Senado y Diputados es aún peor. Según Datum Perú, el 80% de los peruanos ni siquiera sabe cuántos senadores serán elegidos. Esta dispersión es la situación perfecta para que grupos de extrema izquierda capturen cupos con poquísimos votos.

El escepticismo es comprensible, pero no votar es un error estratégico. En el 2021, el sector urbano y económicamente activo cedió su poder, y el resultado fue la parálisis de inversiones, la incertidumbre económica y un gobierno fracasado que nos hundió en una crisis permanente.

Si no votas, le regalas tu futuro a quienes proponen demoler el sistema. Además, inclinas la balanza a favor de la izquierda radical que sí se moviliza, y aceptas que una minoría decida sobre tu propiedad, tu trabajo y tu libertad.

El voto no es solo un derecho, es la única defensa que tenemos para evitar que el Perú caiga nuevamente en manos de la improvisación y el odio ideológico. Estar decepcionado de los políticos no es excusa para entregarles el país en bandeja de plata.

Un cambio de ciclo exige ciudadanos informados que ejecuten un voto responsable. En democracia, quien no decide, acepta que otros decidan por él. Si no vas a las urnas, no te quejes cuando la izquierda radical use tu silencio para destruir el país.

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