Todos estamos orgullosos de nuestro Papa «peruano» y felices de su visita en noviembre o diciembre próximo. León XIV merece el mejor de los recibimientos en nuestro país, pero la pregunta que quema es ¿Es lógico que Lambayeque haya tenido que esperar la remota posibilidad de que un obispo local sea nombrado Papa para recién restaurar la ciudad? ¿Qué hubiera pasado si no era nombrado? Probablemente, las iglesias seguirían cayéndose, el ornato sería un desastre y el peruano común seguiría sufriendo las mismas carencias.
Esa forma de actuar, de esperar un evento extraordinario para cumplir con lo básico, es la que permite que hoy existan 11 millones de peruanos en la pobreza. No es falta de dinero, es negligencia y falta de compromiso. Gastar más de 2.4 millones de soles en vitrales y cuadros solo cuando viene una visita ilustre, mientras en el ámbito rural 7 de cada 10 personas sufren privaciones graves, es robarle el futuro a la gente. Es decorar la miseria con alfombras de flores para la foto.
El Ministerio de Cultura (MINCUL) tiene asignados S/ 826.8 millones para 2026. Con solo la mitad de ese dinero, se podrían financiar 50 proyectos integrales de agua y saneamiento en comunidades rurales donde hoy toman agua contaminada. Además, mientras el país tiene apenas 1.6 camas de hospital por cada 1,000 habitantes (la mitad de lo recomendado por la OMS), políticos como Ruth Luque marchan para seguir metiéndole miles de millones a Petroperú, una empresa estatal que solo genera pérdidas y mantiene a una burocracia dorada.
¿Qué pasará cuando el Papamóvil se retire y las luces de las pantallas LED se apaguen? Los 11 millones de pobres seguirán ahí, sin agua y sin salud, porque sus autoridades solo saben gobernar para la fachada.
El progreso de nuestro país no son fachadas pintadas para visitas internacionales. Antes de esta falsedad protocolar, el Estado debe cerrar brechas básicas. El Perú no necesita bendiciones externas para funcionar, necesita ajuste real en casa y autoridades que no esperen un milagro para dejar de robarnos el bienestar. Ese es el cambio de ciclo que el 80% de los peruanos queremos.

