Muchos veían en Alfonso López-Chau, rector de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), una figura de «renovación», sin embargo, la Fiscalía Anticorrupción acaba de aterrizar esa fantasía a la realidad. López-Chau está siendo investigado por peculado doloso y negociación incompatible, bajo la tesis de que habría utilizado su cargo para beneficiar a sus «amigotes» de partido y financiar su aventura presidencial con plata de todos los peruanos.
La investigación señala un patrón de conducta que nos recuerda a lo peor de la política tradicional. Esta señala que tres altos directivos y fundadores de su partido, Ahora Nación, recibieron contratos en la UNI por montos que suman más de S/ 160,000. Personajes como Carlo Magno Salcedo y Salvador Arévalo, hoy candidatos a diputados por su lista, cobraron del presupuesto universitario mientras armaban el partido.
La Fiscalía sostiene además que López-Chau «instrumentalizó» el prestigio de la UNI para costear viajes al interior del país que, lejos de ser académicos, tenían como fin real posicionar su imagen como candidato presidencial.
Al renunciar para postular, habría intentado modificar los estatutos de la universidad para dejar a una persona de su confianza en el cargo, ignorando la Ley Universitaria. Una jugada que la SUNEDU tuvo que anular.
Si López-Chau abusó del sistema en una universidad para favorecer a su círculo cercano, ¿qué nos hace pensar que no hará lo mismo con el presupuesto de toda la Nación?
Este comportamiento demuestra que López-Chau es parte de esa política antigua que funciona a través de influencias y corrupción para obtener cuotas de poder. No es «sangre nueva», es el mismo estilo de siempre disfrazado de académico. El desvío de la función pública para servir a intereses particulares es el cáncer que queremos extirpar de nuestras instituciones.
El cambio de ciclo que exige la mayoría del Perú debe ser con transparencia total. Si un candidato no puede mantener la limpieza en su propia gestión universitaria, no tiene la autoridad moral para pedir el voto de los ciudadanos que buscan honestidad. ¡El prestigio de la UNI no puede ser el trampolín de nadie!

