El carnaval debería ser el reflejo de nuestra identidad y alegría. Sin embargo, en Huancayo, la celebración del Ño Carnavalón 2026 se transformó en una muestra bizarra de lo que está mal en el Perú. No hubo cultura, hubo barbarie y oportunismo. Mientras grupos de jóvenes se dedicaban a la violencia gratuita, los políticos aprovechaban el desorden para filtrar sus campañas. Es el círculo vicioso perfecto de ciudadanos aburridos de la corrupción e inseguridad, y líderes que no respetan las normas.
Grupos de jóvenes, ignorando las prohibiciones, atacaron a transeúntes y pasajeros de transporte público con aguas servidas (desagüe). Como si el caos no fuera suficiente, la vieja clase política decidió que el carnaval era su panel publicitario gratuito.
Agrupaciones como Renovación Popular, y APP se infiltraron en el pasacalle portando indumentaria partidaria sin autorización, demostrando que su ambición personal está por encima del respeto al patrimonio y a la tranquilidad de la ciudad.
Este carnaval es el ejemplo perfecto de por qué el país se encuentra en una crisis de la cual no puede salir hace décadas. Con autoridades inoperantes, políticos sin ética, y una sociedad fracturada con jóvenes que ven en la agresión al otro una forma de «manifestarse».
No podemos hablar de un cambio de ciclo político si seguimos votando por la vieja política que solo quiere aprovecharse del Estado. Si permitimos que la mafia caviar siga liderando nuestras instituciones y ensuciando nuestras tradiciones, habremos perdido la esperanza en tener un país que busca el desarrollo, que se respeta a sí mismo, y que vive libre y orgulloso de sus tradiciones.

