Esperamos que estés leyendo esto desde un lugar seguro, bajo un techo firme. Pero te pedimos un favor: mientras lo haces, no solo pienses en ti, ponte en los zapatos de millones de peruanos. De aquellos que sufren por los desastres naturales que estamos viviendo, que sufren por la incapacidad y corrupción de nuestras autoridades, y que ya no solo trabajan para sobrevivir, sino para salvar sus vidas. Piensa en los mototaxistas que hoy no puede salir porque la calle es un río, en el emprendedor informal que perdió su mercadería bajo el lodo, en los agricultores que están perdiendo sus cosechas, y en los peruanos aislados que no tienen como abastecerse.
¿Por qué se los estamos diciendo eso?, porque ni el Estado ni las autoridades políticas los están haciendo. Porque el peruano común que trabaja sigue siendo invisible para los políticos, a menos que haya que sacarle dinero.
Mientras el Perú se inunda por lluvias, huaicos, y activación de quebradas, la «telenovela política» sigue adelante como si nada. Mientras los candidatos se pelean, el nuevo gobierno de José María Balcázar parece una broma de mal gusto.
¿Cómo es posible que estos supuestos líderes pierdan el tiempo en peleas chicas mientras hay 707 distritos en emergencia? Decenas y decenas de muertos, carreteras bloqueadas, cientos de miles de familias que han quedado literalmente bajo el barro y comunidades aisladas, porque los políticos de siempre parecen solo estar pendiente en las elecciones de abril.
Este drama no es nuevo, y eso es lo que más duele. Todos los años el cielo nos castiga, los suelos no absorben y el agua baja con furia por las quebradas. Y las obras de prevención, ¿dónde están? ¿Y los miles de millones destinados a esas obras? Los políticos siempre se “comprometen” a convertir al Perú en un país seguro y una vez que son electos, dicho compromiso se desvanece.
Para muestra, un botón:
¿Se acuerdan cuando “El Lagarto” Martín Vizcarra prometió en Piura más de 100 puentes y anunció con bombos y platillos el manejo de S/ 7,000 millones del Fondo de Reconstrucción? Hoy, Piura sigue inundándose, los puentes se caen y la conectividad es una desgracia. ¿A dónde se fue ese dinero? La historia se repite con ellos llenándose los bolsillos con el «presupuesto de emergencia», mientras el pueblo se queda limpiando el lodo con las manos.
Para el pequeño comerciante, el emprendedor informal, y los mototaxistas, un huaico no es solo «una noticia», es destrucción, es la quiebra total de su negocio, es la incapacidad de llevar alimentos a sus hogares, e incluso la muerte. Y así como se le viene el huaico de lodo, no podemos olvidar que viven sufriendo el huaico de multas, coimas, de falta de crédito y de ser tratados como ciudadanos de segunda categoría.
El cambio de ciclo en nuestra política no es votar por otro nombre, sino que exigir que el Estado deje de ser el enemigo del que trabaja y empiece a ayudarlo. Necesitamos autoridades que se ensucien los zapatos en la torrentera. Si no somos capaces de sacar a esta clase política que solo mira su ombligo mientras el país se ahoga, seguiremos condenados a la misma tragedia cada verano.

