Si alguna vez has hecho cola a las 4 de la mañana en el Rebagliati o el Almenara para que te digan que «no hay cita» o que «el equipo está malogrado», ya conoces la realidad de EsSalud. Lo que quizás no sepas es que el Seguro Social no es pobre. Maneja 4,500 millones de dólares al año que provienen directamente del esfuerzo de las empresas privadas y del descuento de los trabajadores. Sin embargo, ese dinero parece perderse en un agujero negro administrativo.
En los últimos 10 años, el presupuesto de EsSalud subió un 30%, pero los servicios no han mejorado. ¿A dónde se fue la plata? Hoy, el 55% de todo el presupuesto se gasta solo en pagar planillas y bonos de 62,000 empleados, muchos de ellos agrupados en 28 sindicatos que viven amenazando con huelgas.
Mientras tanto, 7 de cada 10 peruanos que tienen seguro terminan gastando de su propio bolsillo para comprar medicinas porque en el hospital simplemente no hay. Es el colmo. Pagas tu seguro obligatorio y encima tienes que gastar tus ahorros en la farmacia de la esquina para no morirte.
EsSalud es el ejemplo perfecto de lo que pasa cuando el Estado administra un fondo con mentalidad de izquierda radical. El sistema se agranda para beneficiar a los sindicatos, olvidando por completo al paciente. En EsSalud, el sueldo no depende de cuántas personas cures o qué tan bien las atiendas, sino de cuántos años lleves sentado en el puesto.
La ineficiencia de EsSalud no es casualidad. Es el modelo de gestión que proponen los candidatos del paquete caviar (López Chau, Acuña, Vizcarra, Lescano, etc.). A ellos les encanta un Estado gordo y lleno de sindicatos porque ahí es donde colocan a su gente. Por eso, los sueldos en EsSalud subieron un 38%, dejando migajas para medicinas, infraestructura y equipos médicos.
¿Hay solución? Sí. Hospitales como el Alberto Barton o el Guillermo Kaelin, que funcionan bajo concesiones privadas, han demostrado que se puede atender mejor y más rápido. Pero a los “mismos de siempre” no les conviene la eficiencia, porque prefieren mantener el sistema como una «caja registradora» para sus beneficios políticos y laborales.
El cambio de ciclo que el Perú necesita exige que el dinero de salud llegue a los pacientes, no a los bonos sindicales.
Seguir votando por Keiko o por el bloque de izquierda es garantizar que EsSalud termine quebrando como Petroperú. Líderes como Wolfgang Grozo, López Aliaga, Williams Zapata o Carlos Espá representan la oportunidad de reformar este sistema podrido. Necesitamos que EsSalud funcione con meritocracia, donde no falte ni una sola pastilla. Este 12 de abril, elige gestión y transparencia para que tu seguro sea, por fin, un derecho y no una estafa.

