Mientras en Chile el nuevo gobierno de José Antonio Kast ya puso en marcha el plan «Escudo Fronterizo», con zanjas, muros y drones para frenar el crimen transnacional, en el Perú seguimos esperando autoridades que dejen de lado los discursos bonitos y se pongan a trabajar de verdad. Para nosotros en Cusco, la migración descontrolada no es un tema de debate, es una realidad que trae inseguridad y desorden a nuestras calles.
Durante años, la izquierda radical nos vendió la idea de la «solidaridad internacional» y la «ciudadanía universal». Suena bien en el papel, pero en la práctica significó fronteras abiertas y la entrada de mafias que hoy nos quitan la paz. Esa ideología prefiere defender los derechos del migrante ilegal por encima de los derechos de los ciudadanos peruanos que trabajamos y cumplimos la ley.
Chile ya entendió que sin orden no hay progreso. El plan chileno busca enfrentar delitos de alta complejidad que antes no veíamos en nuestra zona sur. ¿Qué estamos haciendo nosotros? Si no elegimos líderes que cuiden nuestras fronteras, el Perú se convertirá en el «patio trasero» donde se queden todos los que Chile expulse.
Para que el sur no salga perjudicado, el Perú debe elegir autoridades capaces de sentarse a trabajar con Chile de igual a igual. No necesitamos activistas, necesitamos técnicos. La propuesta de la Comisión Binacional acerca de unir a Migraciones, la PNP y nuestras Fuerzas Armadas con la tecnología biométrica que ya tenemos es el camino para saber quién entra y quién sale.
Esto es un tema de respeto y soberanía. Queremos una migración ordenada, donde se sepa quién eres y a qué vienes. Si vienes a trabajar, bienvenido; si vienes a delinquir, la puerta está cerrada.
Este 12 de abril, los cusqueños tenemos la oportunidad de elegir un gobierno que priorice nuestra seguridad. Candidatos como Wolfgang Grozo, López Aliaga o Williams Zapata tienen claro que la seguridad fronteriza es la base de la libertad. Ellos tienen la capacidad de formar equipos profesionales que trabajen con nuestros vecinos de forma pragmática, protegiendo nuestro comercio y, sobre todo, nuestras vidas.
No más candidatos que ven la frontera como un concepto abstracto. Necesitamos seguridad real para que el sur del Perú vuelva a ser tierra de gente honesta y trabajadora.

