40 días pasó Jesús en el desierto evitando las tentaciones del Diablo, mismo tiempo que le tomaría a un presidente reformar la justicia peruana.
El 90 % de los peruanos desconfía en la labor de jueces y fiscales, a quienes señalan de corruptos y creen que son los que están haciendo el peor trabajo en la lucha contra el crimen.
Por ello, es urgente que se hagan cambios en la Fiscalía y el Poder Judicial, instituciones controladas por una mafia caviar, algo que puede darse de forma sencilla.
Así lo indican especialistas, como el abogado Humberto Abanto, quien asegura que el sistema de justicia hoy “podrido como el pescado desde la cabeza”, puede cambiarse en menos de 40 días.
¿De qué se trata? Pues de convertir las fiscalías supremas transitorias y las salas transitorias de la Corte Suprema en permanentes. Con ello, se requeriría la elección de al menos 20 nuevos jueces supremos, lo que fortalecería la estructura del sistema judicial.
Para llevar a cabo este proceso, el Ministerio de Economía debe asignar los recursos necesarios que permitan convocar estas plazas mediante concurso público.
Por su parte, el Congreso debe aprobar el crédito suplementario con una disposición transitoria que exija el traslado de estas plazas a la Junta Nacional de Justicia, garantizando su próxima convocatoria.
Los peruanos pedimos que para Semana Santa nos traigan la resurrección del sistema de justicia, cuyos actores principales, jueces y fiscales, se han dedicado los últimos años a perseguir a la policía y a sus enemigos ideológicos y políticos.
Solo con un cambio profundo de la justicia garantizará su recuperación.
¡Reforma de la justicia ya!