CAMPAÑA RELIGIOSA NO RESPETA LA LEY

Rafael López Aliaga (‘Porky’) no solo ha cruzado una línea ética al aprovecharse de la fe para ganar votos, sino que ha incurrido en una falta legal directa al violar el Artículo 188 de la Ley Orgánica de Elecciones.

El Jurado Electoral Especial (JEE) determinó que los mensajes y acciones de López Aliaga constituyen «propaganda electoral prohibida» porque vinculan su partido, Renovación Popular, a una fe específica para inducir el voto de la ciudadanía.

Lo más alarmante es su actitud de «falso mártir». Ante la orden de retirar su propaganda religiosa, Porky ha anunciado que se «rebelará» contra la autoridad electoral. Esta postura revela un orgullo excesivo que nada tiene que ver con la humildad cristiana.

Dice la Biblia: «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:16). Si analizamos los «frutos» políticos de López Aliaga, su discurso se cae a pedazos por su propia incoherencia. Es muy fácil decirse cristiano de la boca para afuera, pero sus actos y su equipo cuentan una historia muy distinta.

El ejemplo más claro es su candidata a la vicepresidencia, Norma Yarrow. Mientras Porky dice estar «enamorado de la Virgen», su mano derecha tiene un historial que haría temblar a cualquier votante conservador real. Aunque hoy Yarrow intenta desmarcarse, en 2018 firmó acuerdos con colectivos LGTBI para fomentar su presencia en presupuestos públicos. Además, ha defendido la «unión patrimonial», que en la práctica busca dar derechos legales a parejas del mismo sexo.

¿Cómo puede Porky llamarse defensor de la fe, cuando su propia fórmula presidencial ha votado y apoyado proyectos que van en contra de los valores que él dice defender? Es pura hipocresía política.

El cristianismo predica el amor al prójimo y la humildad, virtudes totalmente ausentes en el candidato López Aliaga, que ha construido su carrera sobre el insulto constante a sus opositores y a la prensa, con un egocentrismo desbordado donde solo él tiene la verdad.

No se dejen engañar. Porky no defiende la fe, se esconde detrás de ella para ocultar que no tiene un plan de gobierno serio y que su equipo está lleno de las mismas mañas de siempre.

Los peruanos debemos ser firmes. El nombre de Dios no es un arma de campaña, y el «chantaje emocional» de López Aliaga busca que el elector deje de pensar y simplemente obedezca a un supuesto mandato divino. Si sus actos no coinciden con su discurso, entonces su discurso es una mentira. Este 2026, no votes por el que más grita el nombre de Dios, vota por quien respeta la ley y tiene una conducta coherente.

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