América Latina experimenta un giro político dramático, impulsado por el profundo descontento ciudadano hacia la ineficacia de los gobiernos de turno, especialmente los de izquierda. La cómoda victoria del conservador José Antonio Kast en las elecciones presidenciales de Chile, con un arrollador 58% de los votos, no es un evento aislado, sino que la confirmación de una marea conservadora que avanza con fuerza en el continente.
Este año ya vimos triunfos de la centroderecha en Bolivia (Rodrigo Paz), la mano dura en Ecuador (Daniel Noboa) y la consolidación de figuras como Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina. Los vientos del sur están cambiando, y este fenómeno tiene implicancias directas y urgentes para el Perú.
Perú no es ajeno a esta corriente, pues en su esencia es un país conservador. El peruano, quiere conservar y proteger lo más valioso. La estabilidad del trabajo, la integridad de la familia, el derecho a elegir la educación de los hijos y la libertad de transitar por las calles con seguridad. Buscamos así recuperar la confianza y la libertad individual frente a un Estado que ha fallado en protegerlas.
El avance de la derecha en la región se presenta como un espejo para las próximas Elecciones Generales de Perú en 2026. El fenómeno regional demuestra que gran parte del voto no es ideológico, sino de rechazo y castigo al gobernante que no satisface las expectativas ciudadanas.
La elección en Chile evidencia que la ciudadanía busca una mano dura contra la criminalidad, la corrupción y la migración desordenada. Esto consolida el terreno para que opciones similares, ganen tracción en el Perú.
El país no puede seguir atascado en el vaivén político y la ineficacia que alimenta el descontento. La clave está en la cooperación binacional y en la política práctica para enfrentar la crisis migratoria, aprovechando coaliciones como la Alianza del Pacífico.
Sin embargo, a nivel interno, la gran pregunta es si el Perú se decantará por una derecha conservadora o por un candidato outsider que pueda dar soluciones reales para nuestros problemas. Lo que queda claro es que la marea de rechazo está activa y lista para castigar a los políticos de siempre, exigiendo un cambio de rumbo radical.

