Parece que en el Perú algunos políticos creen que la presidencia es una forma de limpiar sus papeles. George Forsyth, el eterno candidato que salta de partido en partido como quien cambia de camiseta, ha vuelto a la cancha con Somos Perú para el 2026.
Pero ojo, sobrino, porque trae una mochila pesadísima cargada de investigaciones judiciales que lo vinculan con lo peor de la vieja política. Mientras él intenta mantener un «perfil bajo» en redes sociales, la justicia le acaba de meter un «frenazo» en seco. El Poder Judicial ha decidido ampliar la investigación en su contra por presunta colusión agravada hasta mayo del 2026. Es decir, que podríamos ir a votar por un candidato acusado por actos de corrupción cometidos cuando era alcalde de La Victoria.
Según la Fiscalía, durante la gestión de Forsyth en La Victoria (2018-2020), se habrían favorecido a dedo a cinco empresas que, ¡vaya coincidencia!, pertenecían a una sola familia. Estamos hablando de más de 3 millones de soles en contratos para uniformes y equipos de seguridad, muchos de ellos entregados durante la emergencia del COVID-19, cuando el país se moría y algunos aprovechaban para hacer caja.
Lo más escandaloso es que se han detectado llamadas telefónicas entre Forsyth y uno de los socios de estas empresas beneficiadas, un tal Bruno Ibáñez, quien además es hijastro del dueño de todo ese conglomerado familiar. Aunque el «arquero» lo niegue todo, los registros telefónicos no mienten y la Fiscalía sospecha que Forsyth movió sus influencias para poner a funcionarios «amigos» en puestos clave de logística y asegurar que la plata se quede en el círculo de sus conocidos.
¿Cómo podemos confiar el destino de todo un país a alguien que no puede ni explicar los contratos de su propia municipalidad?
El Perú ya no aguanta más «cuentos» de candidatos que se venden como nuevos pero traen las mismas mañas de siempre. Este 2026, el 80% de los peruanos que exige un cambio de ciclo tiene que estar más atento que nunca. No permitamos que nos metan un gol de media cancha con candidatos que, en lugar de propuestas, tienen expedientes abiertos por aprovecharse del Estado. ¡Guerra avisada no mata gente!

