A pocos días de comenzar un nuevo año, pareciera que en el Callao nos hemos acostumbrado al silencio. Caminamos por nuestras calles viendo los mismos problemas de siempre, la inseguridad que no perdona y la falta de chamba, mientras que la política parece algo lejano, algo que «no es con nosotros». Pero ojo, que ese silencio es peligroso.
A solo cuatro meses de las elecciones de abril, estamos entrando a una tempestad. No nos dejemos engañar por esa calma aparente, lo que hay debajo es un hartazgo acumulado contra los mismos corruptos de siempre que solo han usado al Callao como su trampolín para llenarse los bolsillos.
La situación es increíble, hay más de 40 partidos inscritos. ¿De verdad creen que necesitamos tantos? Pareciera que lo que tenemos no es democracia, sino un mercado de camisetas donde cualquiera se mete para ver qué saca. Esta «procesión» de candidatos lo único que hace es confundirnos y dispersar el voto. Al final, entre tanto ruido, los que terminan ganando son los que tienen la billetera más gorda o los que ya tienen sus mafias armadas.
El Callao ha sufrido décadas de autoridades que entraron con denuncias y salieron con las esposas puestas. Ya no estamos para experimentos ni para «votos de castigo» que nos terminen hundiendo más. El 2026 es el momento de aplicar un filtro de honestidad real.
Llegamos a este año con una misión clara: romper la apatía. El mayor peligro para el puerto no es solo la delincuencia, es nuestra propia indiferencia. Si nos quedamos callados, les estamos regalando las llaves de nuestra casa a los mismos parásitos de siempre.
El cambio de ciclo que necesita el Callao y el Perú no va a venir de alguien que regale bolsas de arroz en la campaña. El cambio depende de que nosotros, los chalacos honestos, exijamos transparencia y no nos conformemos con menos.
Este 2026 no solo vamos a elegir a un presidente o a congresistas, vamos a decidir si el Callao sigue siendo el botín de una escoria política o si empezamos a construir un futuro con orden y libertad. Que este nuevo año nos encuentre informados y con los ojos bien abiertos. No regalemos nuestro futuro por una promesa falsa. ¡Hagamos que el 2026 sea el año en que el Callao recuperó su dignidad!
