La ministra de Comercio Exterior, Teresa Mera, ha salido a sacar pecho. Arequipa exportó US$ 5,675 millones hasta septiembre de 2025, reafirmándose como el motor del sur. El Gobierno de José Jerí habla de «abertura comercial» y de nuevos acuerdos con Hong Kong e Indonesia para el 2026, pero mientras la ministra celebra los millones que salen, en las fábricas de acero de la Ciudad Blanca hay un silencio sepulcral.
¿De qué sirve exportar tanto si por la otra puerta estamos dejando que China destruya nuestra industria acerera local? El discurso oficial nos habla de «fortalecer capacidades», pero la realidad es una «Marea China» pone en riesgo miles de empleos en Arequipa.
Lo que el ejecutivo calla es sobre cómo el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi), le quitó los derechos anti-dumping al acero chino. Así, con precios artificialmente bajos, nuestras autoridades le regalan el mercado del acero a China en bandeja de plata, permitiendo que el alambrón entre sin sobretasas, y a precios de remate para quebrar a nuestros productores.
¿De qué sirve «capacitar» a una empresa arequipeña si el Estado permite que un gigante chino le robe el mercado con competencia desleal?
Arequipa es líder porque tiene gente trabajadora y empresas que han invertido décadas en tecnología y soberanía. Si el Gobierno de Jerí solo se preocupa por las cifras de exportación de materias primas y no protege a nuestra industria del dumping chino, terminaremos siendo una región que solo saca piedras de la tierra para que otros las transformen.
Exportar sueños es bueno, pero proteger el trabajo de los arequipeños es obligatorio. Este 2026 no necesitamos ministros que solo lean cuadros estadísticos, necesitamos autoridades que defiendan el acero arequipeño con la misma fuerza con la que celebran sus exportaciones.

