La historia nos lleva al 2006, cuando Carlos Álvarez enfrentaba una acusación por presunta corrupción montesinista vinculada al financiamiento ilegal de personajes de medios. En aquel entonces, Susana Castañeda fue la jueza que votó a favor de la inocencia del artista, permitiendo que quedara libre de polvo y paja. Y resulta que, ¡Oh maravilla! dos décadas después reaparece la exjueza en el momento preciso para candidatearse al Senado por el partido País para Todos, del mismo Carlos Álvarez al que absolvió.
En política no existen las casualidades y los hilos del poder se tejen en las sombras. Álvarez, hoy le devuelve el favor a la magistrada que lo liberó poniéndola en su lista, demostrando cómo las autoridades se cuidan las espadas para cobrarse las deudas años después.
Un punto clave de esta «sociedad» es que Castañeda no llegó al partido por un anuncio en el periódico. Fue recomendada directamente por Julia Príncipe, exprocuradora y actual mano derecha de Álvarez, con quien la exjueza mantiene un vínculo desde hace años.
Tras pasar al retiro por límite de edad el año pasado, Castañeda ha pasado de los tribunales a los videos de campaña de Álvarez, criticando el uso de fondos públicos, pero sin mencionar que su candidatura parece ser el cobro de un «cheque» emitido hace 20 años.
Este tipo de situaciones menosprecia la institucionalidad de los poderes en el Perú. Cuando una jueza que absolvió a un político termina siendo su candidata, el mensaje para el ciudadano es devastador. La justicia es una mafia donde los secuaces se cubren entre sí.
Castañeda ahora propone criterios para elegir jueces supremos, pero su propia trayectoria nos dice que el criterio principal en nuestra política parece ser el de «hoy por ti, mañana por mí». El aprovechamiento de los cargos públicos para cimentar futuras carreras políticas es una práctica que debemos erradicar si queremos una democracia real y no un club de favores mutuos.
¿Podemos confiar en la fiscalización de alguien que debe su carrera política a la persona que alguna vez juzgó? La independencia de poderes en el Perú está en cuidados intensivos mientras estos «intercambios de favores» sigan siendo la norma.

