Apenas 18 días le han bastado al Perú para confirmar que gobernar no es un juego de pasillos en el Congreso, ni de discursos ideológicos. José María Balcázar, el presidente encargado que llegó de la mano del ala más radical de Perú Libre, hoy ostenta una aprobación que se hunde sin frenos, pasando de un tibio 24% a un raquítico 14%. Con un 70% de desaprobación en Lima, queda claro que el país no quiere más de lo mismo. Balcázar no es un cambio, sino que el último estertor de un modelo que empezó con Pedro Castillo y que solo ha servido para que una cúpula caviar y corrupta se abastezca del Estado mientras el pueblo paga la cuenta.
El panorama para la premier Denisse Miralles es igual de desolador. Con un 64% de rechazo, su gestión ha nacido muerta, marcada por el desorden y las medidas desesperadas frente a la crisis del gas. Este gabinete no busca soluciones, busca sobrevivir hasta el miércoles 18 para mendigar un voto de confianza en el Congreso. Mientras tanto, todos los peruanos observamos cómo el sicariato y las extorsiones siguen ganando la calle, con un Ministerio del Interior con un 60% de desaprobación.
Lo que estamos viviendo no es mala suerte, sino que el resultado de un sistema diseñado para ignorarnos. El Perú está harto de parásitos que se llenan la boca hablando de «pueblo» pero que tienen la gestión en cero.
Esta crisis de desaprobación es el recordatorio más doloroso de que el país no saldrá del hueco con las mismas recetas de siempre. Necesitamos un cambio de ciclo que barra con la ineficiencia. No podemos permitir que personas con las mismas mañas de siempre sigan ocupando Palacio de Gobierno para seguir agrandando el Estado, corrompiendo las instituciones y generando mayor inseguridad a todo nivel del Perú.
El futuro de nuestras familias está en juego. No podemos volver a equivocarnos con los «lobos con piel de oveja» de la izquierda caviar ni con los candidatos reciclados de hace 25 años como Keiko. El 12 de abril necesitamos líderes que entiendan que la prosperidad se construye con gestión, orden y meritocracia. Es momento de dejar de ser el rebaño de Balcázar y sus aliados, y empezar a elegir a gente capaz de devolvernos la dignidad.

