Nadie quiere que su casa sea arrastrada por el río o que su comunidad quede aislada por una carretera o puente que cayó.
Pero hoy el Mundial nos tiene tan distraídos que estamos ajenos al verdadero problema que sigue sin atenderse: el fenómeno El Niño.
En los próximos días llegará la nueva inquilina de Palacio y como primer gran reto deberá afrontar las consecuencias de este evento natural.
Pero ojo ahí, porque lo que atenderá no es reciente, es producto del abandono de 25 años de gestiones ineficientes.
Y lamentablemente el pronóstico es desalentador para los próximos meses: temperaturas anómalas en el mar, lluvias torrenciales en el norte y sequías extremas en el sur.
Décadas de gestión cero, sin prevención, sin mantenimiento de la infraestructura básica tienen un costo real que nos tocará pagar a todos los peruanos.
Históricamente, un fenómeno del Niño ha dejado en el país puentes caídos, carreteras bloqueadas, pueblos aislados, pérdidas de cultivos y la subida de la canasta básica familiar, además de viviendas arrasadas, niños a merced de infecciones e incluso pérdida de vidas humanas.
Miles de peruanos lo pierden todo. Y lo paradójico es que hay plata, pero no se usa bien. El propio Ministerio de Economía y Finanzas ha informado que el país cuenta con 2.000 millones de dólares en recursos para enfrentar el fenómeno de El Niño, pero seguimos sin realizar trabajos de prevención.
La emergencia climática no espera y las desastrosas consecuencias tampoco, oportunidad que será aprovechada por comunistas y caviares para culpar al nuevo gobierno.
Pero los peruanos no somos ciegos, ya no nos dejamos engañar. Toca dejarlos trabajar para que no nos tome otros 25 recuperar el país.

