Si por algo se destaca Perú a lo largo de su historia, es por la corrupción política. A diario vemos que gobernadores, congresistas y alcaldes se encuentran en juicios por malas prácticas dentro de las gestiones públicas. Y sí pensábamos que solo eran autoridades de entidades pequeñas, nos equivocamos. Ahora la familia del presidente Pedro Castillo se encuentra en investigación.
No basta con dirigir un gobierno que tiene en pobreza extrema al país. Ahora mancha, una vez más, la presidencia del Perú. ¿Hasta cuándo los peruanos tenemos que soportar la vergüenza de tener presidentes corruptos? ¿De que sus familias sean corruptas? Parece ser algo sin acabar.
Los presidentes llegan al gobierno, olvidan todo lo que prometieron y no pierden tiempo en robar. ¿Es mucho pedir que en vez de robar se preocupen de las urgencias de los peruanos? Hay tantos problemas en el Perú: pobreza extrema, desnutrición infantil, delincuencia etc. ¿Por qué no lo hacen? Porque no les interesa. Solo buscan ganar dinero fácil a costa del poder.
Si queremos generar cambios, dejemos de entregar el poder a políticos que buscan llegar al poder para cometer corrupción, de la mano de sus amigos y familiares. Si queremos dejar de tener vergüenza de nuestros gobiernos, sea por incompetentes o corruptos, tenemos que hacer las cosas distintas. Tenemos que elegir gente distinta. Gente que, en vez de darnos vergüenza, nos haga sentirnos orgullos de ser peruanos.

