Así fue el ejemplo chileno. Se gastaron lo que no tenían para no solucionar absolutamente nada. 77 millones de dólares costó la aventura constituyente, liderada por la izquierda radical y rechazada por más del 60% de nuestros vecinos en el plebiscito del pasado fin de semana. Querían demoler la casa y se gastaron 300 millones de soles sin reparar ni una ventana.
Pero, por otro lado, y ante el gasto excesivo de los políticos, Chile definió un punto muy importante en el plebiscito recién pasado: Evitó, en primer lugar, que le derriben la casa y recuperó su orgullo. Se atrevió a decir que no. Lecciones que no solo tenemos que observar, si no también comenzar a interiorizar y hacerlas parte de nuestro pensamiento.
Debemos atrevernos a decir que no nosotros también. Chile tuvo su circo, lleno de payasos, muy parecido al que tenemos nosotros hoy, pero primó el sentido común. Tomemos el ejemplo. Atrevámonos. Que no nos demuelan la casa, no gastemos lo que no tenemos. Podemos comenzar a influir hoy, para terminar con el circo.

