¿Enviaría usted a sus hijos a estudiar a un colegio con el techo a punto de caer? Este es el temor constante que enfrentan hoy miles de padres de familia en todo el país.
Un informe de la asociación Red de Estudios para el Desarrollo reveló una situación grave en el sector educación; sí, una más.
El 57 % de escuelas en el sector rural necesitan ser reconstruidas, pues los techos se están cayendo, al igual que las paredes. A nivel regional, Cajamarca y Puno encabezan la lista con los locales más dañados.
Estos centros educativos en pésimas condiciones representan un peligro para nuestros niños. Urge que estas construcciones, o lo que queda de ellas, sean demolidas y levantadas desde cero, garantizando su calidad.
Los escolares de dichas zonas, y de cualquier parte del Perú, no pueden seguir expuestos a ambientes que limitan su aprendizaje, además de correr el riesgo de sufrir accidentes por una infraestructura que se cae a pedazos y que, para colmo, la mayoría carece de servicios de agua y desagüe para proteger su salud.
Pero ojo, este problema de abandono no es nuevo: llevamos 25 años de ineficiencia estatal, situación que tiene condenadas a miles de familias que sufren por la crisis del sistema educativo gracias al abandono de las autoridades que hemos tenido.
Romper el ciclo de indiferencia es tarea del nuevo gobierno, al igual que ejecutar las acciones necesarias para recuperar el Perú que nos arrebataron en las últimas décadas la izquierda y los caviares.
Por ello, debemos darle una oportunidad a la nueva gestión para que trabaje y demuestre si tiene la capacidad de atender las principales necesidades de los peruanos; solo así podremos dar los primeros pasos hacia el cambio total que el país exige.

