Todos esperamos un trabajo eficiente y rápido cuando arreglamos algo en casa o en nuestros negocios; es lo mismo que le exigimos a nuestras autoridades y al nuevo gobierno, que apenas lleva dos meses en funciones.

Aunque la mayoría de los ministros convocados para asumir las diversas carteras desea avanzar, han encontrado sus sectores en tal desorden que, por intentar arreglar lo que está mal, aún no pueden ponerse a trabajar en lo urgente e importante.

Previamente al inicio de esta etapa, bajo la gestión de Keiko Fujimori y el gabinete Galarreta, los equipos de transferencia ya habían advertido sobre la catastrófica situación del sector público. 

El hecho de que los ministerios e instituciones del Estado operen hoy sumergidos en la burocracia y de espaldas a las necesidades reales de los peruanos es consecuencia de la gestión ineficiente de los últimos 25 años, periodo en el que la izquierda no soltó el poder.

En la práctica, la demora en la atención de solicitudes paraliza tanto las obras como el avance de las regiones. Las administraciones pasadas acumularon requisitos que frenan el progreso de los proyectos; por ese motivo, algunos ministros expresan dificultades para trabajar y cumplir las metas asignadas. 

Esa acumulación de trabas debe acabar, pues mantener las reglas de juego de las últimas dos décadas solo prolongará las filas en las postas, el deterioro de las escuelas y a miles de familias sin luz ni agua.

Los peruanos queremos un Estado ágil que resuelva nuestros problemas. Es momento de romper con ese «Estado podrido» que no permite avanzar y darle al nuevo gobierno la oportunidad de ejecutar. 

Solo cerrándole el paso a la burocracia y limpiando cada ministerio podremos dar inicio al cambio de ciclo que necesita el Perú.

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