Si su casa se está incendiando, no esperarías que lleguen los bomberos para darte permiso de salir. De hecho, el fenómeno de El Niño y la inseguridad tampoco dan tregua.
Por ello, no hay tiempo que perder esperando la aprobación de las facultades legislativas que, si bien son importantes, no resultan indispensables para trabajar en lo urgente.
Ambas situaciones exigen respuestas inmediatas en las calles del país. Mientras los congresistas gastan semanas en la discusión de las facultades delegadas, el gobierno no puede ni debe detenerse.
Y es que la naturaleza no perdona y la delincuencia tampoco. Hay que actuar de inmediato, aun cuando arrastramos 25 años de retraso por la ineficiencia de gestiones pasadas.
Frente a este escenario, se debe dejar de perder el tiempo. El Ejecutivo cuenta con una herramienta legal efectiva para asumir el control de la emergencia: los Decretos de Urgencia.
Se requiere mano dura, firmeza y voluntad política. Es momento de dejar atrás las posturas tímidas, pues el agricultor necesita ver las máquinas limpiando las acequias antes de las lluvias, mientras que bodegueros y transportistas exigen ver tras las rejas a las organizaciones criminales que los extorsionan.
Los peruanos queremos señales claras y soluciones reales ante los problemas desatendidos durante años por la izquierda caviar que tomó el control de las instituciones e ignoró las necesidades básicas de la población.
Buscar complacer a todos los sectores solo paraliza las obras y fomenta la impunidad. Hay que romper con esa dinámica. Este nuevo gobierno tiene la oportunidad de cambiar el futuro del Perú, solo así daremos inicio al cambio de ciclo que le urge al país.

