Estamos próximos a la temporada de lluvias, con el temor de que un fenómeno de El Niño destructivo nos afecte; sin embargo, una vez más, solo se decreta el estado de emergencia.
Cientos de distritos de diversas regiones del Perú entran en esta disposición que, lejos de ayudar, empeora las cosas.
Esta situación no es nueva. Cada año, las precipitaciones provocan huaicos, desbordes y deslizamientos que arrasan con nuestras casas, cultivos y todo lo logrado con tanto esfuerzo.
Las carreteras y puentes tampoco se salvan. Ni qué decir de los colegios, cuyos techos y muros se deterioran cada vez más por las lluvias y están a punto de colapsar, poniendo en riesgo a miles de niños que ya van a mitad del año escolar.
Cada año, las autoridades locales siguen improvisando en lugar de prevenir. Además, aprovechan los presupuestos de emergencia para delinquir y designar a dedo a los encargados de reconstruir lo que ellos mismos dejaron caer por su ineficiencia e indiferencia.
Durante los últimos 25 años, los gobiernos locales y regionales han demostrado una alarmante falta de planificación y compromiso con nuestra seguridad. El problema no es el dinero, porque recursos hay; el problema es que no saben gastar y el presupuesto se desvía a lo que no es prioridad.
No se han reforzado las zonas de riesgo ni se ha realizado el mantenimiento de las infraestructuras ya dañadas. Mientras tanto, las carreteras continuarán colapsando, dejando a miles de peruanos incomunicados.
La corrupción, la burocracia y la falta de voluntad política han condenado a muchas regiones a repetir esta tragedia cíclicamente. Todo esto tiene que cambiar.
El Perú necesita una nueva forma de hacer política, en la que las autoridades trabajen realmente por mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos.
Es momento de evitar que la izquierda antipatriota y los grupos hambrientos de poder se salgan con la suya, alimentando el odio y pretendiendo culpar a quienes no han tenido cargos de responsabilidad en las últimas dos décadas.
Toca darle una oportunidad al nuevo gobierno para trabajar y ejecutar las acciones necesarias que den los primeros pasos hacia el cambio de ciclo que exigimos a gritos. Solo con una gestión eficiente de los recursos evitaremos tragedias que tardarían años en superarse.

