¿Has visto cómo a un niño le cuesta aprender en la escuela por culpa de la anemia, y cómo esta condición no solo le dificulta el aprendizaje, sino que también afecta irreversiblemente su desarrollo físico y cerebral, condenándolo a ser enfermizo el resto de su vida?
Esta es la realidad diaria de miles de familias peruanas que pagan las consecuencias de un Estado que los ha abandonado y les ha fallado los últimos 25 años.
Pero el problema con nuestros niños no solo pasa por la anemia infantil. En centros poblados, los colegios rurales no cuentan con servicios higiénicos óptimos, lo que agrava su salud.
Un estudiante no puede concentrarse si acude a un local sin agua ni salubridad, tampoco superará ninguna enfermedad ni se desarrollará sin las condiciones necesarias.
Por ello, es importante que la empresa privada asuma un rol en esta situación. Este sector tiene los recursos para intervenir en problemas de fácil solución.
Un claro ejemplo es lo que viene haciendo Peruanos por Peruanos, que desarrolla campañas de despistaje de anemia en regiones como Ica y permite un diagnóstico a tiempo para combatirla.
Otra cosa que se puede hacer desde el sector privado es destinar presupuestos para instalar tuberías y sanitarios. Reparar un baño de un colegio rural es un pequeño esfuerzo que, sumado a más pequeños esfuerzos, puede solucionar grandes urgencias que los peruanos van a agradecer.
Es tiempo de iniciar una etapa donde las empresas se sumen a atender las urgencias de la población. No podemos esperar a que las instituciones públicas resuelvan solas los problemas de la gente, porque no están en la capacidad y aún hay mucho por trabajar ahí.
El sector privado tiene la oportunidad de liderar esta transformación. Apoyar la lucha contra la anemia y arreglar las escuelas que la izquierda no ha permitido reconstruir.
El cambio de ciclo que necesitamos requiere de ese compromiso de los empresarios con el país. Sumemos esfuerzos y saquemos al Perú adelante.

